jueves, 25 de marzo de 2010

La Oración

“Ustedes no oren como los hipócritas, ellos aman orar de pie en las sinagogas, y en las esquinas, para que todos los vean, y de cierto les digo, que ellos ya tienen su recompensa. Pero ustedes vayan a  vuestras habitaciones y cierren con llave la puerta y en secreto eleven Oración al Padre en Espíritu, porque él te escuchará en el secreto, y te recompensará ante todos. Y al orar no usen repeticiones vanas, como los gentiles, que creen que por la palabrería serán oídos. No sean iguales a ellos porque Vuestro Padre sabe de las necesidades antes de que ustedes le pidan (JesúsCristo) Ref. Mateo 6 -5/8 Lucas 11-2/4”
      Lo primero que debemos comprender es que la oración no debe ser un rezo formal, la oración es una conversación sincera, un diálogo abierto con JesúsCristo.
Debemos orar para estar cerca de Dios, para agradecer a Dios, para aquietar nuestro corazón, para pedirle, para alabarlo y declarar nuestra Fe en el Reino de Dios Padre, ya que es la única forma de mantenernos puros y cerca de Dios, porque es el arma más potente y maravillosa que posee todo ser espiritual.
Debemos de orar en espíritu, sin intenciones turbias, ni para cosas que no sean correctas y buenas, con quietud y buena disponibilidad hacia la voluntad de Dios.
La forma correcta de orar es: dirigiéndose al Dios Padre Creador, al Hijo JesúsCristo y al Espíritu Santo, Magisterio de Sabiduría. Luego conversaremos con Cristo Jesús, porque Él es único intermediario válido y real, el único con autoridad para presentarnos ante el Padre Celestial; y se debe usar un lenguaje de respeto, sincero, nunca olvidar que nos estamos dirigiendo a un Dios Vivo. Cuando se esté por terminar se debe declarar nuestra Fe en el Reino y disponernos a aceptar la Voluntad del Padre Dios.
La oración es fundamental para abrir la llave que nos conduce y nos une al Ser Supremo al cual pertenecemos, porque los que son capaces de orar con humildad, arrepentimiento, alabanza…. tienen en sí el espíritu vivo.

sábado, 20 de febrero de 2010

Cristo, amigo mío

Cristo, mi amigo has sido en esta vida y en anteriores, porque ves en uno de los tuyos un mínimo de entrega.
Loco por Ti y Tú por mí estamos, mi amado Señor JesúsCristo, y es en esta locura que vivo de Tu sangre y de Tu Reino porque en tan poco tiempo de vida he descubierto que no pertenezco aquí.
-Gracias Señor porque cada aliento tuyo es.
-Gracias Señor porque cada aliento Tú  me lo das.
-Gracias Señor porque en cada lucha te siento en mi corazón.
-Gracias Señor por existir en mi vida y controlarla.
-Gracias Señor por simplemente saber que existo.
-Gracias Señor…
 Amén.

El mundo se mueve por el alma, los apegos, el deseo, la avaricia y el poder, y nosotros los jóvenes, lo sabemos. Vemos incoherencias en quienes tendrían que ser nuestros “modelos de vida” y así crecemos. Somos la copia de un modelo social y familiar deforme. Yo sólo veo cómo forma el mundo a las futuras generaciones de acuerdo a un modelo tremendamente subjetivo y personal, lejos de lo que Cristo requiere de esta generación.
Ahora bien, nuestros padres ven a nuestros amigos y de alguna forma “huelen” cómo son, y nos ayudan a ver si son buenas personas o no. Y pienso… ¿existirá el amigo ideal? ¿Acaso algún día tendré o seré ese amigo perfecto? Pero un día, sin darme cuenta, abrí los ojos y me vi sumergido en una realidad que algunos añoran: ¡Cristo es ese amigo perfecto! Y claro, puede sonar como un eslogan religioso, que invita a ser buenas personas a los jóvenes, pero que no logran conducirlos a vivir lo que he vivido en éste último  tiempo… La Verdadera Amistad con mi Dios.
La conciencia es la clave de todo. Uno no puede amar -y menos relacionarse- con alguien que no conoce. Todo parte en la oración. Ese momento de intimidad en paz con Cristo que te deja con una sensación de: ¿Cómo podría estar triste si tengo a un Dios que está en mí todo el día?
¡JOVENES!, no seamos cobardes y tratemos, con todo el ímpetu que nos hace vibrar, que Cristo sea nuestro amigo. Un amigo que te declara Su amistad, Su honestidad y Su Amor para que tú lo escuches y sepas amar. 
 ¿Quién nos puede guiar? Y  la respuesta, al menos para mí, es obvia: Cristo. La única forma de caminar tranquilo por esta vida es Él. Y déjenme decirles,  jóvenes compañeros, que Él entrega todo lo que necesitamos. Entonces… ¿podríamos sentirnos solos?
Este es un llamado a la fe y a la relación personal con quien nos conduce y nos enseña a caminar. Ya basta de pensar que tenemos que depender de alguien de este mundo para comunicarnos con Dios y confesar nuestras faltas en el rincón de un confesorio, sino que reconocer que Cristo esta más vivo que nunca en cada espíritu, y que con una sola oración Él puede quemar todo lo malo que nos rodea y darnos una visión correcta de las cosas. Porque después de todo y a pesar de lo poco que hemos vivido, uno se da cuenta de que realmente Cristo es más que un cuento de hadas, sino que un Dios consciente y activo que ayuda al humano a poder cumplir la Voluntad del Padre y ser ángeles o guerreros en los Cielos que él comanda.
Arriba el ánimo y arriba el espíritu, que el mundo intenta con ansias derrocar esa alegría que a muchos nos sobra... ¡No se lo permitamos!

Sebastián Alvarado
Consagrado Bajo la Ley de Cristo.

Sobre Arrepentimiento y Perdón

Para poder entablar una conversación sobre el arrepentimiento y perdón el primero paso que se debe dar, y nunca dejar de lado es concebir que el arrepentimiento, que Cristo Dios nos enseña, no es sólo hacia uno mismo o hacia la persona afectada, sino que el arrepentimiento que transforma y que Cristo nos pide es hacia él, no es por los efectos, si no que por las causas, porque es en las causas que Cristo purifica.

Por tanto: Arrepentimiento es una toma de conciencia ante Cristo de causas indignas que producen efectos impuros o aberrantes. Al ir a las causas podremos extirpar de la raíz lo que nos hace actuar hoy erradamente, dándonos la paz y la armonía que necesitamos para avanzar limpios en este Camino de purificación y entrega.

 Esta paz y armonía solo se consigue a través de la relación personal con Cristo, y en la oración diaria, la cual siempre llena de luz y claridad a la persona dejándola en grado de poder tomar conciencia de los errores cometidos. Sin embargo será el Perdón el que realmente cerrará y sanará definitivamente con los hechos, pensamientos y causas pasadas. Esta es una de las claves que Cristo nos da. No como el mundo las conoce, sino que desde un espíritu despierto y actuante, y cualquier deformación o mal hecho a otros, es mácula para el espíritu vivo que Cristo despertó.

Esto se puede ver claramente en el siguiente testimonio:

Hace unos días atrás, vino a mí una persona que estaba en un estado depresivo. Preocupada por ese estado, sostuve una conversación tranquila y calmada con ella, y le manifesté lo que es el Arrepentimiento y Perdón, para así ayudarla a superar su malestar. Le propuse que se revisara a si misma, pero debía ser una reflexión profunda, para buscar las verdaderas causas de su estado. Al darle este conocimiento, la persona quedó meditando acerca del tema y enseguida se produjo en ella una calma que no había conseguido en días, demostrando así que las herramientas entregadas por Cristo a través de las palabras del espíritu que me vive, habían causado efectos en ella.
  
Rebeca Molina.
Consagrada bajo la Ley de Cristo.

Poema: "CUANDO ME TOCAS".

Si Tú me consideras, ya estoy rendida a Ti,
si Tú me tocas, ya soy bendecida por Ti,
porque Tú Espíritu es suave y calma al mío,
es dulce y llena de goce mi alma.

¡Anda todo el día pensando en Ti!,
hablando contigo, y Tu voz se recarga
cada vez más en mí,
y yo recurro a ella para iniciar tu ansiado alojo.

Siento que me llenas y no hay vacío que Tú no puedas llenar.
Mi soledad la comparto contigo,
Tú eres Bienestar, Claridad, Voluntad, Obediencia para seguirte,
y para amarte, ya no como antes,
sino que a través del espíritu que has puesto
para que me seduzca, y yo sea tu esposa espiritual…

Vine a Ti para permanecer en espíritu
porque Tú ya me amabas y yo te buscaba…
para trascender a la verdadera Vida que Tú me das,
y que yo requiero para seguir viva espiritualmente.

¡Oh Señor! ¡Oh Señor!
considerada estoy por ti
porque Tú justificas todos mis actos
de amor hacia lo Celeste.

Me quebrantas el alma y me traspasas en espíritu,
y yo me pongo alegre,
y a la vez, espiritualmente emocionada
de que Tú alojes en mí.

¡Ya siento! ¡Ya siento!
Tú presencia en mí,
¡es tangible! ¡es tangible!
Tú Reino vive en mí.

No me apartes nunca,
porque muerta estaré lejos de Ti.
Tú eres la Vida que os siempre quise tener a mi lado,
Esposo amado.

Todo mi cuerpo exclama por Ti.
Toda mi alma suspira por Ti.
Todo mi espíritu se une a Ti.
¡Esa es vuestra esposa que rendida esta a ti¡


TU HIJA YASNA.

miércoles, 20 de enero de 2010

Religión y Ciencia... ¿reconciliación?


“…Depositar la santa fe que se nos ha entregado; y esto, tanto rechazando las novedades profanas del lenguaje como las contradicciones de una mal llamada ciencia.”, expresó Pío X en su Encíclica “Pascendi”, constatando una de las más férreas luchas que se han librado desde que tenemos conciencia de ser humanos. Y es que tanto filósofos, como alquimistas y científicos han tratado de definirse a sí mismos en contraposición a las personas de fe, considerándolas ingenuos y ciegos frente a una “verdad” que ellos aún intentan descifrar.
¿Por qué este desprecio irracional? ¿Es acaso la verdad de la fe incompatible con la verdad que busca el científico? ¿La naturaleza se contrapone a lo divino?
La ciencia se ha caracterizado por ser una disciplina humana que utiliza la observación para establecer leyes- que pueden permanecer, desaparecer o ser perfectibles- con el fin supremo de descubrir la verdad de la vida, a través de un método científico cuya herramienta principal es la razón. El hombre no ha hecho más que observar una realidad desde una perspectiva en particular, desde un prisma que no deja ver más que una parte de la Ley de Vida
Las personas de fe, de cierta forma, realizan este mismo ritual con el mismo fin. Pero la vista se hace desde una altura mayor, dejando de lado ciertos prejuicios que la ciencia alberga en su seno. Ambos buscan La Verdad –sí, esa con mayúsculas- pero siempre han creído que los resultados a los que llegan son incongruentes entre sí. No pueden estar más equivocados.
La Ley de Vida es Una y, por lo tanto, Una es La Verdad ¿Acaso un creyente no puede ser científico, o viceversa? Si el fin es el mismo, ¿acaso no podemos llegar a la misma conclusión?
Si cada uno vive su propia índole, el punto final no diferirá de la verdad. Todos podemos constatarla, todos podemos entenderla… y todos podemos vivirla.
La vocación es un llamado, pero no cualquiera. Es uno que proviene desde nuestro interior más internamente interno, de nuestro espíritu. Y es que cuando decimos que una persona posee un talento, no sólo hablamos de una habilidad innata, sino que de la manifestación- material o no- de ese llamado: la índole.
Por lo tanto, si una persona se apasiona por descubrir la verdad de la naturaleza y sus fuerzas, y quiere encontrar los porqués de cada ser vivo en este mundo, ¿no está ya viviendo su vocación? Ahora bien, si llevamos este apasionamiento al extremo de la soberbia del intelectualismo, y con los resultados logrados no hacemos más que alimentar y acariciar nuestro ego, y elaborar tesis oscuras- sin un fin de Luz, haciendo gozar al maligno-, no estamos más que ahogando e incluso matando a la Verdad que nos vive.
Dios es el Juez de Su Ley de Vida, Ley que o seguimos o rechazamos. Cuando una persona sigue el llamado de su espíritu, simplemente está remando a favor de esta Ley. Si no es así, está yendo contra la corriente de lo que Es, y su índole encontrará resistencia, dejando los pequeños logros al reconocimiento pasajero del mundo este ¿Acaso hay Gloria más magnánima que vivir en la conciencia de mi vocación y, más aún, saber que es Dios quien vive a través de ella?
Ciencia y espiritualidad no son incompatibles. La fe no es ciega, sino que es un estado de conciencia espiritual en donde se sabe con certeza que Dios existe. Los científicos se equivocan al decir que los creyentes creen ingenuamente…
¿Qué más tangible que la índole latiendo viva dentro de nosotros?

Natalia Alvarado M.
Bautizada bajo la Ley de Cristo

¿Fríos o Calientes?



Quienes han vivido del amor del Reino, ya no están en retraso, más quienes no lo han logrado aún, oren para alcanzarlo, pues Cristo nunca ha estado más lejos de lo que nuestros ojos puedan verlo y nuestros oídos puedan escucharlo.
Si Cristo ha sido Dios, y por lo tanto, vive en cada criatura creada, entonces ¿por qué nadie vive con lo que naturalmente porta?, ¿por qué seguimos viendo a Cristo fuera de nosotros, en las Iglesias, en el mundo, y no nos damos cuenta de que vive dentro de nosotros? Y algunos creyentes a veces se contradicen con esto, pues si creen en Dios, me pregunto ¿Qué hacen confesando sus culpas y sus pecados a terceros si perfectamente pueden cerrar los ojos, hacer una oración, pedirle perdón directamente a Cristo del mal hecho o darle gracias por todo lo que ha pasado en su vida?
Creo que ya es hora de optar. O eligen a un Cristo muerto que esta colgado en la cruz, al cual solo puedo llegar por vía de “terceros”, o vivimos al Cristo vivo, que quema y vive dentro de quienes optan por vivir al Dios que ES y no el que el mundo ha forjado de acuerdo al acomodamiento y parecer de unos pocos.
Entonces le surge a uno la inquietud: ¿no estaremos siendo tibios, y no Fríos o Calientes?: los Fríos a su indiferencia y muerte; los que optamos por el Reino de los Cielos al Cálido espíritu que no quema; y los otros… “A los tibios los vomitaré”, dice Dios.

Sebastián Alvarado M.
Consagrado bajo Sacramento (18 años).