miércoles, 20 de enero de 2010

Religión y Ciencia... ¿reconciliación?


“…Depositar la santa fe que se nos ha entregado; y esto, tanto rechazando las novedades profanas del lenguaje como las contradicciones de una mal llamada ciencia.”, expresó Pío X en su Encíclica “Pascendi”, constatando una de las más férreas luchas que se han librado desde que tenemos conciencia de ser humanos. Y es que tanto filósofos, como alquimistas y científicos han tratado de definirse a sí mismos en contraposición a las personas de fe, considerándolas ingenuos y ciegos frente a una “verdad” que ellos aún intentan descifrar.
¿Por qué este desprecio irracional? ¿Es acaso la verdad de la fe incompatible con la verdad que busca el científico? ¿La naturaleza se contrapone a lo divino?
La ciencia se ha caracterizado por ser una disciplina humana que utiliza la observación para establecer leyes- que pueden permanecer, desaparecer o ser perfectibles- con el fin supremo de descubrir la verdad de la vida, a través de un método científico cuya herramienta principal es la razón. El hombre no ha hecho más que observar una realidad desde una perspectiva en particular, desde un prisma que no deja ver más que una parte de la Ley de Vida
Las personas de fe, de cierta forma, realizan este mismo ritual con el mismo fin. Pero la vista se hace desde una altura mayor, dejando de lado ciertos prejuicios que la ciencia alberga en su seno. Ambos buscan La Verdad –sí, esa con mayúsculas- pero siempre han creído que los resultados a los que llegan son incongruentes entre sí. No pueden estar más equivocados.
La Ley de Vida es Una y, por lo tanto, Una es La Verdad ¿Acaso un creyente no puede ser científico, o viceversa? Si el fin es el mismo, ¿acaso no podemos llegar a la misma conclusión?
Si cada uno vive su propia índole, el punto final no diferirá de la verdad. Todos podemos constatarla, todos podemos entenderla… y todos podemos vivirla.
La vocación es un llamado, pero no cualquiera. Es uno que proviene desde nuestro interior más internamente interno, de nuestro espíritu. Y es que cuando decimos que una persona posee un talento, no sólo hablamos de una habilidad innata, sino que de la manifestación- material o no- de ese llamado: la índole.
Por lo tanto, si una persona se apasiona por descubrir la verdad de la naturaleza y sus fuerzas, y quiere encontrar los porqués de cada ser vivo en este mundo, ¿no está ya viviendo su vocación? Ahora bien, si llevamos este apasionamiento al extremo de la soberbia del intelectualismo, y con los resultados logrados no hacemos más que alimentar y acariciar nuestro ego, y elaborar tesis oscuras- sin un fin de Luz, haciendo gozar al maligno-, no estamos más que ahogando e incluso matando a la Verdad que nos vive.
Dios es el Juez de Su Ley de Vida, Ley que o seguimos o rechazamos. Cuando una persona sigue el llamado de su espíritu, simplemente está remando a favor de esta Ley. Si no es así, está yendo contra la corriente de lo que Es, y su índole encontrará resistencia, dejando los pequeños logros al reconocimiento pasajero del mundo este ¿Acaso hay Gloria más magnánima que vivir en la conciencia de mi vocación y, más aún, saber que es Dios quien vive a través de ella?
Ciencia y espiritualidad no son incompatibles. La fe no es ciega, sino que es un estado de conciencia espiritual en donde se sabe con certeza que Dios existe. Los científicos se equivocan al decir que los creyentes creen ingenuamente…
¿Qué más tangible que la índole latiendo viva dentro de nosotros?

Natalia Alvarado M.
Bautizada bajo la Ley de Cristo

¿Fríos o Calientes?



Quienes han vivido del amor del Reino, ya no están en retraso, más quienes no lo han logrado aún, oren para alcanzarlo, pues Cristo nunca ha estado más lejos de lo que nuestros ojos puedan verlo y nuestros oídos puedan escucharlo.
Si Cristo ha sido Dios, y por lo tanto, vive en cada criatura creada, entonces ¿por qué nadie vive con lo que naturalmente porta?, ¿por qué seguimos viendo a Cristo fuera de nosotros, en las Iglesias, en el mundo, y no nos damos cuenta de que vive dentro de nosotros? Y algunos creyentes a veces se contradicen con esto, pues si creen en Dios, me pregunto ¿Qué hacen confesando sus culpas y sus pecados a terceros si perfectamente pueden cerrar los ojos, hacer una oración, pedirle perdón directamente a Cristo del mal hecho o darle gracias por todo lo que ha pasado en su vida?
Creo que ya es hora de optar. O eligen a un Cristo muerto que esta colgado en la cruz, al cual solo puedo llegar por vía de “terceros”, o vivimos al Cristo vivo, que quema y vive dentro de quienes optan por vivir al Dios que ES y no el que el mundo ha forjado de acuerdo al acomodamiento y parecer de unos pocos.
Entonces le surge a uno la inquietud: ¿no estaremos siendo tibios, y no Fríos o Calientes?: los Fríos a su indiferencia y muerte; los que optamos por el Reino de los Cielos al Cálido espíritu que no quema; y los otros… “A los tibios los vomitaré”, dice Dios.

Sebastián Alvarado M.
Consagrado bajo Sacramento (18 años).