Para poder entablar una conversación sobre el arrepentimiento y perdón el primero paso que se debe dar, y nunca dejar de lado es concebir que el arrepentimiento, que Cristo Dios nos enseña, no es sólo hacia uno mismo o hacia la persona afectada, sino que el arrepentimiento que transforma y que Cristo nos pide es hacia él, no es por los efectos, si no que por las causas, porque es en las causas que Cristo purifica.
Por tanto: Arrepentimiento es una toma de conciencia ante Cristo de causas indignas que producen efectos impuros o aberrantes. Al ir a las causas podremos extirpar de la raíz lo que nos hace actuar hoy erradamente, dándonos la paz y la armonía que necesitamos para avanzar limpios en este Camino de purificación y entrega.
Esta paz y armonía solo se consigue a través de la relación personal con Cristo, y en la oración diaria, la cual siempre llena de luz y claridad a la persona dejándola en grado de poder tomar conciencia de los errores cometidos. Sin embargo será el Perdón el que realmente cerrará y sanará definitivamente con los hechos, pensamientos y causas pasadas. Esta es una de las claves que Cristo nos da. No como el mundo las conoce, sino que desde un espíritu despierto y actuante, y cualquier deformación o mal hecho a otros, es mácula para el espíritu vivo que Cristo despertó.
Esto se puede ver claramente en el siguiente testimonio:
Hace unos días atrás, vino a mí una persona que estaba en un estado depresivo. Preocupada por ese estado, sostuve una conversación tranquila y calmada con ella, y le manifesté lo que es el Arrepentimiento y Perdón, para así ayudarla a superar su malestar. Le propuse que se revisara a si misma, pero debía ser una reflexión profunda, para buscar las verdaderas causas de su estado. Al darle este conocimiento, la persona quedó meditando acerca del tema y enseguida se produjo en ella una calma que no había conseguido en días, demostrando así que las herramientas entregadas por Cristo a través de las palabras del espíritu que me vive, habían causado efectos en ella.
Rebeca Molina.
Consagrada bajo la Ley de Cristo.
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