Cristo, mi amigo has sido en esta vida y en anteriores, porque ves en uno de los tuyos un mínimo de entrega.
Loco por Ti y Tú por mí estamos, mi amado Señor JesúsCristo, y es en esta locura que vivo de Tu sangre y de Tu Reino porque en tan poco tiempo de vida he descubierto que no pertenezco aquí.
-Gracias Señor porque cada aliento tuyo es.
-Gracias Señor porque cada aliento Tú me lo das.
-Gracias Señor porque en cada lucha te siento en mi corazón.
-Gracias Señor por existir en mi vida y controlarla.
-Gracias Señor por simplemente saber que existo.
-Gracias Señor…
El mundo se mueve por el alma, los apegos, el deseo, la avaricia y el poder, y nosotros los jóvenes, lo sabemos. Vemos incoherencias en quienes tendrían que ser nuestros “modelos de vida” y así crecemos. Somos la copia de un modelo social y familiar deforme. Yo sólo veo cómo forma el mundo a las futuras generaciones de acuerdo a un modelo tremendamente subjetivo y personal, lejos de lo que Cristo requiere de esta generación.
Ahora bien, nuestros padres ven a nuestros amigos y de alguna forma “huelen” cómo son, y nos ayudan a ver si son buenas personas o no. Y pienso… ¿existirá el amigo ideal? ¿Acaso algún día tendré o seré ese amigo perfecto? Pero un día, sin darme cuenta, abrí los ojos y me vi sumergido en una realidad que algunos añoran: ¡Cristo es ese amigo perfecto! Y claro, puede sonar como un eslogan religioso, que invita a ser buenas personas a los jóvenes, pero que no logran conducirlos a vivir lo que he vivido en éste último tiempo… La Verdadera Amistad con mi Dios.
La conciencia es la clave de todo. Uno no puede amar -y menos relacionarse- con alguien que no conoce. Todo parte en la oración. Ese momento de intimidad en paz con Cristo que te deja con una sensación de: ¿Cómo podría estar triste si tengo a un Dios que está en mí todo el día?
¡JOVENES!, no seamos cobardes y tratemos, con todo el ímpetu que nos hace vibrar, que Cristo sea nuestro amigo. Un amigo que te declara Su amistad, Su honestidad y Su Amor para que tú lo escuches y sepas amar.
¿Quién nos puede guiar? Y la respuesta, al menos para mí, es obvia: Cristo. La única forma de caminar tranquilo por esta vida es Él. Y déjenme decirles, jóvenes compañeros, que Él entrega todo lo que necesitamos. Entonces… ¿podríamos sentirnos solos?
Este es un llamado a la fe y a la relación personal con quien nos conduce y nos enseña a caminar. Ya basta de pensar que tenemos que depender de alguien de este mundo para comunicarnos con Dios y confesar nuestras faltas en el rincón de un confesorio, sino que reconocer que Cristo esta más vivo que nunca en cada espíritu, y que con una sola oración Él puede quemar todo lo malo que nos rodea y darnos una visión correcta de las cosas. Porque después de todo y a pesar de lo poco que hemos vivido, uno se da cuenta de que realmente Cristo es más que un cuento de hadas, sino que un Dios consciente y activo que ayuda al humano a poder cumplir la Voluntad del Padre y ser ángeles o guerreros en los Cielos que él comanda.
Arriba el ánimo y arriba el espíritu, que el mundo intenta con ansias derrocar esa alegría que a muchos nos sobra... ¡No se lo permitamos!
Sebastián Alvarado
Consagrado Bajo la Ley de Cristo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario